Hay algo extraño que pasa cuando tienes gripa. No solo te moquea la nariz: también lloran los ojos.
A veces estás simplemente sonándote y de pronto tienes lágrimas. No estás triste. No estás emocional. Pero ahí están.
Esto es casualidad. Es anatomía.
La nariz y los ojos están conectados por pequeños conductos llamados conductos lagrimales. Normalmente, las lágrimas que producen tus ojos drenan hacia la nariz sin que lo notes. Por eso cuando lloras fuerte también te moquea la nariz.
Cuando estás enfermo ocurre lo contrario.
La inflamación en los senos nasales bloquea ese sistema de drenaje. Entonces las lágrimas no fluyen como deberían y terminan acumulándose o saliendo por los ojos.
Haciendo que llores más, tus ojos se sientan irritados y que todo parezca más húmedo de lo normal.
También hay otro factor: cuando el cuerpo está enfermo, tu sistema nervioso está más sensible. Entonces, estás cansado, incómodo y con menos energía emocional.
La gripa no solo afecta tu respiración. También baja tus defensas físicas y emocionales.
Por eso una película triste se siente más triste, una discusión pesa más y a veces lloras sin saber exactamente por qué.
No es drama. Es biología.
Y ahí es donde los pañuelos dejan de ser un objeto trivial, porque no solo acompañan la congestión. También están presentes en esos momentos pequeños de vulnerabilidad donde el cuerpo simplemente necesita descargarse.
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